Sálvate a ti mismo antes de querer salvar al mundo

Una de las primeras lecciones que te dan en un avión es ponerte la máscara de oxígeno antes de ayudar a los demás.

Lo mismo aplica para los negocios.

Durante muchos años pensé que tenía que ayudar a toda persona que conociera.

Y durante todos esos años no tenía ni un quinto. Cero. Nada.

Cuándo empecé a educarme en el mundo de los negocios, aprendí que la mejor manera de ayudar a los demás a salir de la pobreza, es no volviéndome pobre.

Y vaya, parece fácil decirlo pero cuesta ponerlo en práctica.

Una de las creencias que más limita esto es pensar qué el dinero no es importante.

Otra creencia es que “el dinero no compra la felicidad”.

Y eso es obvio. Pensar que el dinero te comprará felicidad es una estupidez.

El dinero te da confort. Y te permite extender las cosas positivas (y también negativas) de lo que haces, más allá de tu presencia física.

Es decir, si quieres ayudar a los demás, empieza por ti mismo. Una vez que te ayudes, estarás en mejor posibilidad de ayudar a los demás.

Así como en los aviones.